Capitulos de cronicas de una muerte anunciada

Bayardo san román

Crónica de una muerte anunciada es una novela de Gabriel García Márquez, publicada en 1981. Cuenta, en forma de reconstrucción pseudoperiodística, la historia del asesinato de Santiago Nasar por los gemelos Vicario.
La historia no lineal, contada por un narrador anónimo, comienza con la mañana de la muerte de Santiago Nasar. El lector se entera de que Santiago vive con su madre, Plácida Linero; la cocinera, Victoria Guzmán; y la hija de ésta, Divina Flor. Santiago se hizo cargo del exitoso rancho familiar tras la muerte de su padre Ibrahim, de origen árabe. Regresa a su casa de madrugada tras celebrar durante toda la noche una boda entre un recién llegado, Bayardo San Román, y una residente de larga data, Ángela Vicario. Dos horas después de la boda, Ángela fue arrastrada por Bayardo a casa de su madre por no ser virgen. Tras una paliza de su madre, Ángela se ve obligada a revelar el nombre del hombre que ha mancillado su pureza y su honor. De manera un tanto espuria, revela que el hombre es Santiago. Sus dos hermanos gemelos, Pablo y Pedro Vicario, deciden matar a Santiago para vengar la afrenta al honor de su familia con dos cuchillos que antes se utilizaban para matar cerdos.

Quién es el narrador en crónica de una muerte anunciada

La mañana de su asesinato, Santiago Nasar se despierta a las 5:30 de la mañana, con la resaca de la boda de la noche anterior y aparentemente sin ser consciente del peligro que corre. Está emocionado por ver al obispo, que se supone que visitará el pueblo esa mañana en su barco fluvial. Santiago ha tenido un sueño agradable en el que caminaba por una arboleda, pero al despertar se siente “salpicado de mierda de pájaro”. Su madre, Plácida Linero, una experta intérprete de sueños, recuerda más tarde al Narrador que no vio nada siniestro en el sueño. El Narrador añade que las personas que vieron a Santiago esa mañana recuerdan haberlo encontrado de buen humor, diciendo a los que conoció que era un día hermoso. Sin embargo, a pesar de este detalle, no todo el mundo se pone de acuerdo sobre el tiempo que hizo aquella fatídica mañana. Algunos piensan que fue un día radiante, mientras que otros lo recuerdan como nublado y fúnebre.
En este primer párrafo ocurren muchas cosas. El narrador parece sellar el destino de Santiago en la primera frase, dotando inmediatamente a los acontecimientos venideros de gravedad y de un sentido de predestinación. La posterior especulación sobre el sueño de Santiago -si contenía o no un presagio- enfatiza aún más la naturaleza aparentemente predestinada de su asesinato. Santiago lucha contra la resaca para poder ver al obispo, una ironía que resultará importante, adoptando diferentes formas a lo largo de la novela. Por último, la incertidumbre respecto al tiempo, y el coro de voces que genera esa incertidumbre, establece dos detalles importantes: uno, el asesinato de Santiago ocurrió hace mucho tiempo, y los recuerdos del mismo son casi absurdamente conflictivos; y dos, dejó a toda una comunidad tambaleándose.

Comentarios

En los momentos posteriores a su apuñalamiento, mientras Santiago agoniza en el suelo de la cocina, los perros de la familia intentan entrar en la cocina para comerse las tripas del hombre. En su frustración, Plácida Linero manda disparar a los perros.
En ausencia del médico del pueblo, el cura se encarga de realizar la autopsia al cadáver de Santiago, dañando aún más el cuerpo ya mutilado. La autopsia debe hacerse inmediatamente, ya que no hay forma de conservar el cuerpo en el intenso calor tropical. La autopsia se describe como una “masacre”. El sacerdote, que estudió medicina y cirugía antes de entrar en el seminario, no está cualificado para realizar la operación, y las herramientas no son las adecuadas. Sin embargo, el informe del sacerdote se acepta como prueba. Informa de que siete de las numerosas puñaladas de Santiago fueron mortales. Una profunda puñalada en su mano derecha parecía “un estigma de Cristo crucificado”. Cuando el cuerpo es cosido de nuevo, parece completamente irreconocible.
El narrador va a visitar a María Alejandrina Cervantes y la encuentra comiendo vorazmente como forma de lidiar con su dolor. El narrador va a visitar a María Alejandrina Cervantes y la encuentra comiendo vorazmente como una forma de lidiar con su pena. Se queda dormido y tiene un extraño sueño sobre un niño masticando maíz “como un trepador de nueces, un poco descuidado, un poco baboso”, y se despierta para encontrar a María desabrochando los botones de su camisa. Sin embargo, ella se detiene de repente, diciendo que no puede hacer el amor con él porque huele a Santiago. De hecho, todo en el pueblo huele a Santiago. Pedro y Pablo, atrapados en su celda, se vuelven locos por el olor, que no pueden eliminar de sus cuerpos por mucho que se restrieguen con jabón y trapos. Pablo está atormentado por la diarrea, y los hermanos temen que haya sido envenenado por alguien de la comunidad de inmigrantes árabes. Los árabes han sido pacíficos, pero se sospecha que intentarán vengar la muerte de uno de los suyos. El alcalde visita a las familias árabes y las encuentra perplejas y de luto. Uno de ellos proporciona el remedio que cura la diarrea de Pablo. Cuando Pablo se cura, Pedro se contagia, hasta que ambos han purgado su culpa y pueden dormir por primera vez sin remordimientos.

Crónica de una muerte anunciada introducción

En Crónica de una muerte anunciada, un periodista anónimo relata un asesinato ocurrido en su ciudad natal de Colombia veintisiete años antes. La víctima, un joven llamado Santiago Nasar, salió de su casa a las 6:05 de la mañana un lunes lluvioso de febrero. Una hora más tarde, fue “descuartizado como un cerdo”. Poco a poco, a lo largo de la novela, el lector va conociendo los detalles de cómo y por qué fue asesinado Santiago, tal y como se lo revelan al periodista varios vecinos del pueblo que recuerdan el incidente.
Santiago Nasar es un joven de veintiún años, rico y apuesto. Es dueño de un rancho que le dejó su difunto padre, Ibrahim Nasar, un inmigrante árabe, y vive con su madre viuda en una gran casa del pueblo. La mañana en que lo matan, Santiago Nasar se levanta temprano para recibir al obispo, que viene en barco a bendecir su pueblo. Tiene resaca de la boda a la que asistió la noche anterior. Santiago le cuenta a su madre, Plácida Linero, un sueño que tuvo, en el que caminaba por una arboleda y era salpicado por caca de pájaro. Años después, mientras le cuenta la historia al narrador, Plácida aún no se perdona no haber reconocido que el sueño era un mal presagio.

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