Contracturas musculares cronicas

Tratamiento de las contracturas

ResumenLas contracturas, o la reducción de la movilidad de las articulaciones, son una secuela común e incapacitante de las lesiones de la médula espinal. La intervención principal para el tratamiento y la prevención de la contractura es el estiramiento regular de los tejidos blandos. Aunque el fundamento de esta intervención parece sólido, la eficacia de los estiramientos no se ha verificado con ensayos clínicos bien diseñados. Un ensayo aleatorio reciente sugiere que no hay ningún efecto clínicamente valioso de un protocolo de estiramiento típico aplicado a pacientes con lesiones de la médula espinal. A pesar de los resultados negativos de este primer ensayo, sostenemos que los terapeutas deberían seguir administrando estiramientos para el tratamiento y la prevención de la contractura hasta que surjan los resultados de otros estudios. Para maximizar la probabilidad de conseguir un efecto clínicamente valioso, sugerimos que los terapeutas estiren los tejidos blandos durante periodos prolongados (al menos 20 minutos, y quizás hasta 12 horas al día). Se ofrecen sugerencias prácticas sobre cómo proporcionar fácilmente a los pacientes con lesiones medulares un estiramiento sostenido de las articulaciones y grupos musculares clave. Es más probable que los estiramientos sean eficaces si se inician antes de la aparición de la contractura. Los tejidos blandos de mayor riesgo deben ser objeto de estiramiento, sobre todo si es probable que la contractura imponga limitaciones importantes desde el punto de vista funcional.

Retroalimentación

En patología, una contractura es un acortamiento permanente de un músculo o una articulación[1]. Suele ser la respuesta a una espasticidad hipertónica prolongada en una zona muscular concentrada, como la que se observa en los músculos más tensos de personas con afecciones como la parálisis cerebral espástica, pero también puede deberse a un desarrollo anormal congénito de los músculos y el tejido conectivo en el útero.
Las contracturas se desarrollan cuando los tejidos normalmente elásticos, como los músculos o los tendones, son sustituidos por tejidos inelásticos (fibrosis). Esto provoca el acortamiento y endurecimiento de estos tejidos, causando finalmente rigidez, deformidades articulares y una pérdida total de movimiento alrededor de la articulación. La mayor parte de la fisioterapia, la terapia ocupacional y otros regímenes de ejercicios dirigidos a las personas con espasticidad se centran en tratar de evitar que se produzcan las contracturas en primer lugar. Sin embargo, la investigación sobre la tracción sostenida del tejido conectivo en enfoques como el yoga adaptativo ha demostrado que se puede reducir la contractura,[2] al mismo tiempo que se aborda la tendencia a la espasticidad.

Síntomas de la contractura

Este artículo necesita citas adicionales para su verificación. Por favor, ayude a mejorar este artículo añadiendo citas de fuentes fiables. El material sin fuente puede ser cuestionado y eliminado.Buscar fuentes:  “Contractura muscular” – noticias – periódicos – libros – scholar – JSTOR (noviembre de 2008) (Aprende cómo y cuándo eliminar este mensaje de la plantilla)
Las contracturas musculares pueden producirse por muchas razones, como la parálisis, la atrofia muscular y las formas de distrofia muscular. Fundamentalmente, el músculo y sus tendones se acortan, lo que provoca una reducción de la flexibilidad.
Por ejemplo, en el caso de una parálisis parcial (por ejemplo, la poliomielitis), la pérdida de fuerza y de control muscular suele ser mayor en unos músculos que en otros, lo que provoca un desequilibrio entre los distintos grupos musculares en torno a determinadas articulaciones. Un ejemplo: cuando los músculos que realizan la dorsiflexión (flexión del pie hacia arriba) son menos funcionales que los músculos que realizan la plantarflexión (flexión del pie hacia abajo) se produce una contracción, lo que hace que el pie tenga un ángulo progresivamente descendente y pierda flexibilidad. Diversas intervenciones pueden frenar, detener o incluso revertir las contracturas musculares, desde la fisioterapia hasta la cirugía. Una causa común para que el tobillo pierda su flexibilidad de esta manera es tener las sábanas metidas a los pies de la cama cuando se duerme. El peso de las sábanas mantiene los pies plantarflexionados toda la noche. Corregir esto no metiendo las sábanas a los pies de la cama, o durmiendo con los pies colgando de la cama cuando se está en posición prona, es parte de la corrección de este desequilibrio.

Contractura frente a espasticidad

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Las contracturas musculares pueden producirse por muchas razones, como la parálisis, la atrofia muscular y las formas de distrofia muscular. Fundamentalmente, el músculo y sus tendones se acortan, lo que provoca una reducción de la flexibilidad.
Por ejemplo, en el caso de una parálisis parcial (por ejemplo, la poliomielitis), la pérdida de fuerza y de control muscular suele ser mayor en unos músculos que en otros, lo que provoca un desequilibrio entre los distintos grupos musculares en torno a determinadas articulaciones. Un ejemplo: cuando los músculos que realizan la dorsiflexión (flexión del pie hacia arriba) son menos funcionales que los músculos que realizan la plantarflexión (flexión del pie hacia abajo) se produce una contracción, lo que hace que el pie tenga un ángulo progresivamente descendente y pierda flexibilidad. Diversas intervenciones pueden frenar, detener o incluso revertir las contracturas musculares, desde la fisioterapia hasta la cirugía. Una causa común para que el tobillo pierda su flexibilidad de esta manera es tener las sábanas metidas a los pies de la cama cuando se duerme. El peso de las sábanas mantiene los pies plantarflexionados toda la noche. Corregir esto no metiendo las sábanas a los pies de la cama, o durmiendo con los pies colgando de la cama cuando se está en posición prona, es parte de la corrección de este desequilibrio.

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