Personajes principales de la obra cronicas de una muerte anunciada

Análisis del personaje de santiago nasar

Ángela Vicario, que resulta ser la prima lejana del Narrador, es la hija menor de Poncio Vicario, un orfebre pobre, y de Purísima del Carmen, una maestra jubilada. Su familia es de…
Aunque técnicamente es mayor, Pablo se comporta como un hermano menor de Pedro, siguiendo sus órdenes y mostrando en general un carácter más “imaginativo”. Cuando Pedro sirvió en el ejército, Pablo se quedó en casa, cuidando…
Lázaro Aponte, agobiado, invita a este magistrado anónimo -recién licenciado en Derecho- a investigar el asesinato. Al magistrado le llama la atención la cantidad de fatídicas coincidencias que llevaron al asesinato de Santiago Nasar…
Cristo Bedoya, estudiante de medicina, es el mejor amigo de Santiago Nasar. Está con él la mañana del asesinato, pero no se entera del plan de Pedro y Pablo Vicario hasta que él y Santiago se han separado.
Madre de Santiago Nasar y viuda de Ibrahim Nasar. Afirma tener el don de la previsión y es una hábil intérprete de sueños. Sin embargo, no pudo prever el asesinato de su hijo. Tras su muerte, se queda completamente desamparada.

Mapa de personajes de crónica de una muerte anunciada

Las siguientes citas de Crónica de una muerte anunciada son todas habladas por Ángela Vicario o se refieren a Ángela Vicario. Para cada cita, también puedes ver los otros personajes y temas relacionados con ella (cada tema se indica con su propio punto e icono, como éste:
El argumento decisivo de los padres era que una familia digna por sus modestos medios no tenía derecho a desdeñar aquel premio del destino. Ángela Vicario sólo se atrevió a insinuar la inconveniencia de la falta de amor, pero su madre la demolió con una sola frase: “El amor también se aprende”.
Insistieron en que hasta el más difícil de los maridos se resignaba a todo con tal de que nadie lo supiera. La convencieron, finalmente, de que la mayoría de los hombres llegaban a su noche de bodas tan asustados que eran incapaces de hacer nada sin la ayuda de la mujer, y a la hora de la verdad no podían responder de sus propios actos. “Lo único que creen es lo que ven en la sábana”, le decían. Y le enseñaron trucos de viejas esposas para fingir su posesión perdida, de modo que en su primera mañana de recién casada pudiera exhibir abierta bajo el sol en el patio de su casa la sábana de lino con la mancha del honor.

Clotilde armenta

Crónica de una muerte anunciada reconstruye un asesinato real que tuvo lugar en Sucre, Colombia, en 1951. En una entrevista para el periódico argentino La Nación, Garcıa Márquez declaró que Cayetano Gentile Chimento -Santiago Nasar en la novela- había sido uno de sus amigos de la infancia. El 22 de enero de 1951, dos hermanos de la familia Chica (Vicario en la novela) mataron a Cayetano porque su hermana fue llevada de vuelta a su familia por su marido, Miguel Reyes Palencia, en la noche de bodas al descubrir que no era virgen. De forma similar a como se produce el asesinato en la novela, a plena luz del día, los dos hermanos mataron a Cayetano a cuchilladas en la plaza del pueblo. A pesar de los paralelismos, Crónica de una muerte anunciada, utiliza un pueblo anónimo y nombres ficticios para los personajes. En este sentido, la narración no es una crónica. Garcıa Marquez no hablo con ninguno de los testigos, ni utilizo los nombres y lugares reales como lo haria una cronica al relatar hechos pasados. Sin embargo, Garcıa Marquez insiste en que las circunstancias y los hechos de Crónica de una muerte anunciada son absolutamente veraces.

Crónica de una muerte anunciada análisis

Las siguientes citas de Crónica de una muerte anunciada son todas habladas por Santiago Nasar o se refieren a Santiago Nasar. Para cada cita, también puedes ver los otros personajes y temas relacionados con ella (cada tema se indica con su propio punto e icono, como éste:
Ella lo había observado desde la misma hamaca y en la misma posición en la que la encontré postrada por las últimas luces de la vejez cuando regresé a esta aldea olvidada, tratando de recomponer el espejo roto de la memoria a partir de tantos fragmentos dispersos. Apenas podía distinguir las formas a plena luz y tenía unas hojas medicinales en las sienes para el eterno dolor de cabeza que le había dejado su hijo la última vez que pasó por la habitación. Estaba de lado, agarrándose a las cuerdas de la cabecera de la hamaca mientras intentaba levantarse, y allí, entre las medias sombras, estaba el olor a bautismo que me había sobresaltado la mañana del crimen. Apenas aparecí en el umbral, ella me confundió con el recuerdo de Santiago Nasar.
Pero no pudo evitar una oleada de espanto al recordar el horror de Santiago Nasar cuando sacó de raíz las entrañas de un conejo y arrojó las tripas humeantes a los perros. “No seas salvaje”, le dijo. “Haz creer que era un ser humano”. Victoria Guzmán necesitó casi veinte años para entender que un hombre acostumbrado a matar animales indefensos pudiera expresar de repente tal horror.

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